domingo, 19 de julio de 2015

Tenencia de pornografía infantil: ¿delito punible?


Si bien en los últimos años los códigos penales o leyes específicas de numerosos países, incluido el nuestro, han receptado que la producción, difusión, comercialización y distribución de pornografía infantil por Internet es delito, existe un tema en pleno debate: si la simple tenencia de este material es una acción privada o también debería penarse. 
Países como España o Colombia han expandido las penas en este sentido para la posesión de imágenes y videos en la que intervienen menores con fines sexuales. Este tipo penal no está incluido expresamente en nuestra normativa. La Fiscalía General de la Ciudad de Buenos Aires dio a conocer una alarmante cifra que indica que entre enero y abril de este año hubo 719 denuncias por producción y distribución de pornografía infantil. Esto representa en comparación al año anterior un crecimiento del 125%. 
En relación a este tema la senadora Lucila Crexell presentó un anteproyecto de ley por el cual propone prisión de 2 meses a un 1 año para el que tuviere en su poder, bajo cualquier tipo de soporte, representaciones de menores de edad con finalidad sexual. Entre sus fundamentos establece que el bien jurídico protegido es el normal desarrollo psíquico y sexual de los jóvenes y el delito es la utilización y vejación de la imagen del menor ya que la ofensa continúa en el tiempo con la mera posesión de estas imágenes. Se remarca que nuestro país es signatario de la Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño como del Protocolo relativo a la venta, prostitución infantil y utilización de niños en la pornografía, que insta a los Estados miembros a sancionar la producción, distribución, ofrecimiento, venta o posesión de material pornográfico en que participen niños. 
Ampliar las penas es un recurso válido, aunque debe ser complementado con otras acciones como advertir, denunciar y perseguir estas prácticas. Cada grupo social fija sus límites morales y éticos en la aceptación o condena de acciones públicas. Las leyes y la actuación de los tribunales nos definen como comunidad por los valores que penamos o permitimos. En delitos como éste, cuanto antes marquemos una clara frontera de lo prohibido nos definirá como mejor sociedad, sobre todo ante los chicos que sufren estas aberrantes prácticas. 
Raúl Martínez Fazzalari
Abogado especialista en 

martes, 16 de junio de 2015

Naty, Fifi, o cualquier@ de nuestr@s hij@s


Naty, Fifi, o cualquier@ de nuestr@s hij@s

En Chile, en los últimos años, dos videos sexualmente explícitos han concitado atención viral: el de “Naty” (2007), y ayer el de “Fifi”.
No entraré en mayores descripciones de los videos (no los vi, ni los vería, pero las búsquedas en google todavía arrojan varias posibles entradas para el de Naty). Baste decir que comprometen la intimidad e integridad de muchachas menores de edad que difícilmente –creo todos los adultos estaremos de acuerdo en ello- pudieron avizorar el golpe a sus presentes y/o futuros, propinado por apenas minutos de una grabación.
Podría escribir más sobre el cerebro adolescente, sus impulsos, un “drive” de especie (a esa edad, y cuántas revoluciones debe este mundo a los más jóvenes y sus menores temores) que mueve a hacer cosas y tomar riesgos más de una vez, lamentablemente, de forma autodestructiva. Pero prefiero poner el acento en los siguientes puntos: la responsabilidad mayor, que sigue siendo nuestra, de los adultos, en el cuidado y la educación de la nueva generación (ed. digital y en sexualidad) y la empatía, desde nuestra humanidad, para con l@s más pequeñ@s y más jóvenes.
Podemos estar de acuerdo en que el video de Fifi, sí, fue un vacío en el cuidado, pero más allá de esa precisión, lo que menos sirve es sojuzgar, y menos aún, ser nosotros cómplices de daños.
ser cómplices es, fundamentalmente, acceder al video, hacer click (así no sea visto completo) y/o no reaccionar de inmediato -dando por asumido que alguien más lo hará-, denunciando su existencia y negándonos a su difusión. Sabemos que esa responsabilidad fue desoída. De otro modo, “Fifi” no habría llegado a ser trending topic en twitter.
El SENAME sí actuó tan pronto como pudo, realizó la denuncia para bajar el video y recordarnos, como sociedad, que aquí estamos hablando de delitos y responsabilidades.
Lamentablemente, el video todavía podrá ser compartido de diversas maneras que bordean y eluden la restricción, pero la respuesta de Sename y la PDI es la que necesitábamos: irrenunciable en una democracia y una comunidad ADULTA que protege, o se piensa a sí misma, protectora de sus niñxs y adolescentes. Dispuesta a hacerlo mejor, a pensar sus acciones, a concurrir unos por otros.
Soy una fan de internet y su maravilla, como muchos. Cada día podemos abrir la puerta para aprender lo que queramos, encontrar imágenes de la mayor variedad (“familia de lechuzas con cara de risa a la hora del crepúsculo, durante enero”,o lo que se nos ocurra), material educativo clave para la escuela o el trabajo, videos increíbles (“time lapses”de flores creciendo, mariposas migrando, mareas de la tierra).
Pero entre tanta maravilla, y por difícil que sea de recordar, existe la sombra muy real y macabra, de todo lo que por otro lado acecha en internet, y no, no me refiero -aunque ni por un momento los olvido- a cyber-criminales, redes de pornografía y abusadores/explotadores de niños, niñas, y los más indefensos de la tierra. Me refiero a la posibilidad -mucho más cercana a una mayoría de nuestros niños y niñas- de no poder dejar atrás errores, muchos de ellos cometidos en edades o momentos especialmente vulnerables.
Los errores de una nueva generación, aún en proceso formativo, quedan registrados en internet, donde nada, NADA se borra (tampoco de un computador, así dicen los expertos). Esta realidad, incluso al mundo adulto le cuesta asimilarla y aun con criterio formado, son incontables los videos y fotografías comprometedoras de mujeres y hombres de 30, 40 y más años, que llegan a ser de conocimiento público.
Para nuestras generaciones, en todo caso, fue menos duro que para los nativos digitales. Mucho menos. Si “metíamos la pata”, cuando mucho nos lo recordarían, algunos años después, un par de personas cercanas. Pero no había registro mundial, accesible a millones de seres humanos, que nos pudiera enrostrar las penas, descriterios o humillaciones de nuestros 11, 15, o veintitantos años. Sólo temer esa posibilidad es una carga pesada.
Cada día en el mundo, millones de adolescentes suben fotos o videos de sí mism@s a la web, o bien las comparten vía smartphones. Estas imágenes, cualquiera sea su carácter -inofensivo o riesgoso- quedan. QUEDAN.
Todavía no es posible “borrar”, borrarnos. Aunque los jóvenes quieran confiar en su ingenio y habilidades, o se inventen aplicaciones que garantizan los segundos mínimos necesarios para enviar una imagen y que luego desaparezca (ya se comprobó que no es así), o se tramiten legislaciones que habiliten el “derecho a ser olvidados”(*), como por ejemplo en el proyecto de la Unión Europea (mientras, en tanto, existe todavía el Internet Wayback Machine y, a modo de ejemplo, la Biblioteca del congreso de EEUU recibiría copias regularmente de todo el universo tuitero. Cada tweet. Sin excepción).
No es fácil, y es un afán en verdad diario, sin espacio para complacencias, el formar a los nativos digitales en el autocuidado que además de corporal, emocional, en sus entornos cotidianos, es también online. Siempre.
Los niños pequeños demoran en desarrollar un sentido del tiempo (“ayer” puede referirse a veces a meses atrás), y aunque a los 7 años cuentan con más recursos para ubicarse en esa dimensión, difícilmente entenderán lo que es vivir 40 o 100 años, y menos las “repercusiones” hacia el futuro. Niños y niñas más grandes pueden comprenderlas mejor, y hacer su mejor esfuerzo, pero están aprendiendo todavía. Los grandes, los que cuidan, seguimos siendo nosotros.
En la primera línea formativa: nuestros actos. Nuestros hijos nos miran todo el tiempo: la interacción con nuestros propios gadgets, nuestros tiempos online, o qué clase de sitios visitamos (y cuáles compartimos con nuestros hijos conforme cumplean años: y eso es vital, porque esas visitas van marcando una pauta), TODO deja huella y les enseña acerca de formas de acercarse a esta esfera de experiencia.
La tecnología es impresionante, la robótica, el desarrollo de las ciencias. Quedamos boquiabiertos (y re-encariñados con nuestra especie humana) ante tanta creatividad. Cuán distinto puede ser para nuestros hijos vernos así, maravillados, interesados, curiosos, lúdicos, ante las posibilidades de este tiempo, versus que nos vean tuiteando con rabia, viendo o leyendo noticias amarillistas, falaces, mal comunicadas, negligentes, en fin.
O preguntarnos qué van integrando nuestros niños, si como padres mostramos más motivación por inmiscuirnos y sojuzgar los movimientos de la farándula, o por denostar a los políticos sin detenernos a conversar con nuestros hijos sobre el valor de la democracia, los países que sueñan su futuro, y la decencia del servicio público.
¿Qué selfies tomamos, a quiénes las enviamos, qué fotografías son subidas -con o sin permiso de nuestros hijos- a muros de facebook, etc? ¿Qué videos vemos, cuánto nos ocupamos de conocer los clips de temas populares, antes de que los vean nuestros hijos, o bien, nos tomamos el tiempo de verlos con ellos para explicar al menos ciertas distinciones entre fantasía y realidad? (sin ánimo de ser “cartucha” y aunque me gustan muchas canciones de Lady Gaga o Rihanna, algunos videos no son para niñxs, y otrora fue Britney Spears, aunque sin voz, pero me pregunto por qué talentos como Ariana Grande, con un vozarrón interplanetario, debe ser promovida a costa de sexualizar su imagen)
Hay una diversidad de preguntas interesantes, útiles, que vale plantearnos comom adult@s antes de evaluar las conductas de la nueva generación.
Primero, nuestro autoexamen. Y mucha información. Aunque no logremos ir totalmente al día, es bueno saber que podemos aprender, y existe una serie de manuales y guías a las que podemos recurrir, junto a nuestro criterio. No sé cómo expresarlo mejor, pero soy, admito, de las mamás que no creen en la necesidad de smartphones (sí celulares sencillos, cuando mucho, por la ubicuidad) para niños ni adolescentes, y en el control cercano y la prerrogativa de establecer varios límites (en el acceso a información del equipo), si es uno, como papá o mamá, no sólo responsable del cuidado de su hijo, sino además, ante la compañía telefónica (muchos adolescentes entienden que deben ser cautos sencillamente porque otro “paga la cuenta” y ése es el acuerdo. Cuando ellos puedan adquirir equipo y financiar sus minutos, serán sus límites. Mientras tanto, se respeta la cota puesta por los progenitores. Un poco como el antiguo “ud puede tomar o fumar cuando trabaje”) .
Sin embargo, más allá de nuestras preferencias en la relación de nuestros hijos con la tecnología y la web, y de nuestras reglas familiares, el hincapié está en nuestra empatía con los desafíos de su generación y su tiempo, en nuestra responsabilidad de cuidarlos, y en el empeño por intentar transmitirles que hoy por hoy, “las consecuencias de nuestros actos” tienen una dimensión mucho más vasta de lo que jamás imaginamos.
No existe una tecla de “borrar” o “delete”. Y nuestros hijos e hijas, con ejemplos concretos (hay muchas historias y es imprescindible conversar de ellas en sobremesas, camino al colegio, etc), necesitan todo el apoyo posible para comprender esta realidad:
Su información, la que dejan “viajar” vía computador, tablets o teléfonos celulares, siempre podrá ser recobrada y tener un impacto ni siquiera diez o veinte años después (si emerge en momentos de búsqueda de trabajo, o en sus relaciones de pareja adultas). El impacto puede sufrirse en el lapso de días, o apenas unas horas.
Hemos conocido historias con finales desgarradores, de adolescentes e incluso niños pequeños (de 7 años) que se han quitado la vida por situaciones de cyberbulling. Y personalmente, he cruzado camino con niñas -11, 13 años- quienes descubriendo la experiencia de la sexualidad con un primer amor, han terminado con ideaciones suicidas y abandonando el colegio, porque tomaron una selfie “sexy” para su enamorado (y no un semi-conocido, sino compañero de años, y pololo uno o dos más) y esa fotografía, por error o con mala intención, terminó siendo socializada con decenas o cientos de adolescentes más.
En otros duelos, he acompañado a muchachas aterrorizadas ante la idea de que un expediente judicial por abuso sexual infantil (siendo ellas las víctimas), hecho público por la prensa y difundido vía internet, pudiese a futuro ser conocido y convertirse en estigma ante sus posibles empleadores, colegas, o parejas. Todo porque la información quedó ahí, latiendo en la web; dos ojos de cocodrilo imperceptibles desde la orilla, con un enorme potencial de devorar.
No hay otra pregunta, creo, que pueda arrojar tanta luz como ¿y si fuera mi hija, mi hijo? o aun sin hijos, ¿y si hubiese sido yo en esa situación, a mis catorce años, o inclusive hoy, como adult@?
Más allá de gadgets, redes sociales, peligros “virales”, y la sensatez del autocuidado online, el punto central vuelve y orbita miles de veces en torno al cuidado y lo que compartimos con nuestros hijos e hijas sobre el aprecio por sus vidas, sus cuerpos, los límites de su intimidad (y la belleza de una sexualidad vivida en sus términos, no según digan los pares o inciten los medios), la mutualidad del respeto y el cuidado (especialmente como generación y entre géneros), todos los posibles pequeños detalles y herramientas que hacen la diferencia y los fortalecen, no desde el miedo, sino desde el entusiasmo inmenso por vivir la mejor vida posible (y cuántos años y experiencias quedan por delante a los 12, 16 años de edad), de evitarse sufrimientos que sí son evitables, y asumir la responsabilidad por su integridad y su felicidad no como una condena o un “cacho”, sino como una inconmensurable fuente de energía y albedrío. Libertad, podríamos decir, y qué palabra sagrada es (tenemos algunos casi 50 años y todavía intentando poner luz, encarnarla).
No termina el tema en unas líneas, pero por lo pronto recomendar este TED talk de Sally Kohn (opción subtítulos en español) y esta página valiosísima, de la docente Marcela Momberg, pionera y especialista en redes sociales y educación digital en Chile http://www.marcelamomberg.com.
IMPRESCINDIBLES, PARA TODAS LAS FAMILIAS Y EDUCADORES:
– Manual compartido por la Unión Internacional de Telecomunicaciones y Unicef en 2009: PROTECCION DE LA INFANCIA EN LINEA: DIRECTRICES PARA LOS NIÑOS

lunes, 15 de junio de 2015

Criba de pederastas en internet.


¿Pedófilo o pederasta? Ésta es una de las preguntas clave que manejan las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado a la hora de afrontar las investigaciones on-line sobre abusos a menores. Ambas conductas están castigadas por el artículo 189 del Código Penal y arrojan saldos de cientos de detenidos cada año. Y es este volumen de trabajo el que, precisamente, obliga a fijar unos objetivos: aquellos individuos que tienen probabilidades de actuar. Tradicionalmente, se considera pedófilo a aquel que siente atracción sexual por los menores, pero no necesariamente materializa sus deseos. Por contra, el pederasta consuma un abuso sexual. Y, cuando hablamos del ciberespacio, estamos ante un depredador capaz de engañar, embaucar y extorsionar con tal de «cazar» a su presa. Adelantarse a este perfil de delincuente se antoja un objetivo fundamental. Y tanto la Policía Nacional como la Guardia Civil dan pasos adelante. ¿El último? La aplicación de un software, actualmente en desarrollo, en el que está trabajando la Universidad de Liverpool. ¿La finalidad? Dar con el pederasta que está a punto de perpetrar su crimen.
Policías europeas
Así lo afirmó Óscar de la Cruz, comandante jefe del Grupo de Delitos Telemáticos de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, durante el III Congreso Nacional de Privacidad de la Asociación Profesional Española de la Privacidad (APEP). El trabajo se enmarca dentro del proyecto FIIP (Fighting International Internet Paedophilia), avalado por la Comisión Europea. La Universidad de Liverpool está contando con la colaboración de la Policía del condado de Kent, auténtica artífice de este software. Pero ¿en qué consistirá? Tanto la Guardia Civil como otros cuerpos nacionales –Mossos d’Esquadra– y europeas –la Policía de Rotterdam y la Policía de Estonia– han facilitado una serie de perfiles de pederastas y pedófilos que actúan en internet. A raíz de estos datos, los expertos del Instituto de Psicología de la Salud y Sociedad de la universidad británica desarrollan una herramienta informática de análisis de riesgos («risk assestment») a nivel europeo para ayudar en la identificación de los pederastas a partir de sus conductas on-line y, así, poder priorizar las investigaciones hacia aquellos que tienen probabilidad de ser más peligrosos. Así, el software, llamado KIRAT (Kent Internet Risk Assessment Tool), dará a las autoridades un porcentaje de peligrosidad. ¿Y quiénes serían los objetivos? Los que en Reino Unido conocen como «Dual Sex Offenders»: aquellos que no sólo consumen pornografía infantil, sino que también cometen abusos, suben imágenes y las distribuyen en la red. De hecho, los perfiles facilitados por la Guardia Civil son atestados de personas que han cometido ambos delitos y que cuentan con una condena firme. Eso sí, las autoridades no se olvidarán tampoco de aquellos que, a priori, no resulten tan peligrosos. La Universidad de Barcelona también está participando en el proyecto.
El problema, señalan desde el Instituto Armado, es la dificultad a la hora de establecer perfiles. Basta con comprobar los datos de los detenidos en cualquier macrooperación contra la pederastia para constatar la falta de homogeneidad de este tipo de delincuente: edad, condición social y profesional... «Ahí está el caso del pederasta de Ciudad Lineal. Era reincidente, pero no había causado ninguna alarma social en su entorno. En esta etapa de su vida, su círculo personal, social y familiar no sospechaba nada y su comportamiento social era aceptable», explica a LA RAZÓN Ricardo Magaz, presidente de la Sociedad Científica Española de Criminología.
Mimetizados con el ambiente
«Se trata de gente que intenta mimetizarse con ambientes que les sean propicios: equipos deportivos, campamentos, etc. Tenemos en mente gente más bien marginal, pero en la pedofilia y en la pederastia hay todo tipo de clases sociales», añade Magaz.
Además, estos ciberdelincuentes se las ingenian cada vez más para sortear las barreras de las autoridades. Las tradicionales redes P2P de intercambio de archivos han dado paso al mercado negro de internet, lo que se conoce como la internet profunda y, más concretamente, la red TOR (The Onion Router). Este software permite el intercambio de material sin revelar en ningún caso la dirección IP de sus miembros, lo que imposibilita seguir su rastro en el caso de que intercambien material ilegal. Un estudio de la Universidad de Portsmouth, en Reino Unido, estimó que el 80% del material que se mueve dentro de esta red oscura es pornográfico.

Estas vacaciones, cuida que tus hijos no sean víctimas de acoso sexual en Internet. Señales

Una de las estrategias de los abusadores sexuales en línea es lograr distanciamiento entre los cuidadores y sus hijos menores de 18 años, para que no se enteren de lo que está sucediendo, haciendo sentir a los niños, niñas y adolescentes como cómplices. Esto hace que ellos no sean capaces de denunciar pues se creen ¡culpables!

acoso internte

Por esto, es importante que sepamos leer a los niños, niñas y adolescentes para saber cuando algo malo está pasando con ellos.

La confianza entre el niño y el abusador es realmente manipulación, le hacen caso por temor, por culpa y por vergüenza.

Por qué son abusados los niños, niñas y adolescentes

  • Por engaño
  • Por asumir riesgos
  • Por curiosidad con la sexualidad
  • Por ganar dineroEn la adolescencia hay gran necesidad por pertenecer,  identificarse o ser tenido en cuenta por algo o alguien, lo que hace vulnerables a los jóvenes a involucrarse con abusadores en este tipo de situaciones.

Señales emocionales o de comportamiento

Puede que muchas de las señales a continuación no estén relacionadas con un abuso sexual infantil en línea, pero ponerle atención a los menores les hará saber que los adultos se preocupan por ellos y los cuidan; esencial para prevenir los problemas y riesgos asociados a la falta de comunicación.

En casos de abuso sexual infantil en línea no necesariamente se presentarán todas estas situaciones en conjunto, puede que se presenten solo algunas, o ninguna. Incluso, pueden presentarse y no significa que un abuso de este tipo esté sucediendo. Sin embargo, son señales de alerta de las cuales los cuidadores deben estar pendientes para entenderlas y apoyar a los niños, niñas o adolescentes en lo que sea que les esté sucediendo.

  • Reacciones extrañas cuando se conectan
  • Cambios drásticos en su comportamiento
  • Tristeza y llanto fácil, o malgenio y no querer hablar al respecto
  • Aislamiento (familia, amigos, compañeros) y apatía
  • Interacción violenta y agresiva
  • Obediencia a cualquier persona, en busca de aceptación y cariño
  • Pesadillas, miedo a dormir solo, en general, trastornos del sueño
  • Comportamientos de niño más pequeño, por ejemplo, orinarse en la cama
  • Difícilmente confía en los demás y le cuesta trabajo hacer amigos
  • Desmotivación académica y mal desempeño escolar. Se le dificulta concentrarse y poner atención. O por el contrario, algunos niños para huir de los recuerdos o pensamientos acerca del abuso, se sumergen en largas jornadas de estudio
  • Rechazan a las mujeres (si fueron abusados por una) o a los hombres (si fueron abusados por uno).
  • Conocen más que los otros de su edad acerca de temas sexuales. Muchas veces actúan de manera no propia para su nivel de desarrollo (por ejemplo, ser extremadamente seductor, masturbarse siendo muy pequeños, introducir objetos en los orificios anales o vaginales de animales, de otros niños o en los propios)
  • Autoagresión, se cortan o se ponen en situaciones de riesgo (abuso de alcohol u otras sustancias, problemas alimenticios, múltiples compañeros sexuales, entre otros).

Señales de abuso sexual físico

Los siguientes síntomas físicos podrían estar presentes, además de lo mencionado anteriormente:

  • Presencia de flujo vaginal en niñas pequeñas
  • Constante infección  urinaria que no se debe a un problema físico
  • Infecciones de transmisión sexual
  • Enrojecimiento, moretones, rasguños, equimosis, heridas o cualquier tipo de lesiones en cuello, boca, senos, nalgas, bajo abdomen o muslos
  • Sangrado o heridas  en el área genital o anal
  • Dolor de cabeza y dolor abdominal crónico, sin enfermedad que lo justifique (producidos por la ansiedad que produce el abuso sexual)
  • Dolor al orinar o defecar
  • Dificultad para caminar o sentarse
  • Molestias anales, estreñimiento o diarreas a repetición
  • Embarazo

Fuente: redpapaz.org

martes, 26 de mayo de 2015

¿Qué no es el ciberbullying?


Por tanto tiene que haber menores en ambos extremos del ataque para que se considere ciberbullying: si hay algún adulto, entonces estamos ante algún otro tipo de ciberacoso.
Tampoco se trata de adultos que engatusan a menores para encontrarse con ellos fuera de la Red o explotar sus imágenes sexuales. Aunque hay veces en que un/a menor comienza una campaña de ciberbullying que puede acabar implicando a adultos con intenciones sexuales.

¿Cuándo estamos ante un caso de ciberbullying?

Estamos ante un caso de ciberbullyingcuando un o una menor atormenta, amenaza, hostiga, humilla o molesta a otro/a mediante Internet, teléfonos móviles, consolas de juegos u otras tecnologías telemáticas.
Según el Estudio sobre hábitos seguros en el uso de las TIC por los menorespublicado por el INTECO en Marzo de 2009 el ciberbullying se define como acoso entre iguales en el entorno TIC, e incluye actuaciones de chantaje, vejaciones e insultos de niños a otros niños..

¿Qué tiene que ver el ciberbullying con el bullying o acoso escolar?

No son tan similares como podría pensarse. En ambos se da un abuso entre iguales pero poco más tienen que ver en la mayoría de los casos. El ciberbullying atiende a otras causas, se manifiesta de formas muy diversas y sus estrategias de abordamiento y consecuencias también difieren. Sí es bastante posible que el bullying sea seguido de ciberbullying. También es posible que el ciberbullying pueda acabar también en una situación de bullying, pero desde luego esto último sí que es poco probable.

¿Por qué es especialmente grave el ciberbullying?

El anonimato, la no percepción directa e inmediata del daño causado y la adopción de roles imaginarios en la Red convierten al ciberbullying en un grave problema.

Sinónimos

Además de la adaptación del neologismo inglés (cyber-bullying) se utilizan en castellano otros términos para denominar al ciberbullying, combinando el prefijo ciber- o los adjetivos online o virtual con las palabras matonajematoneo o abuso, asociadas con la denominación de matones o abusones para los que efectúan el bullying. Así podemos encontrarnos con los siguientes sinónimos de ciberbullyingciberabuso, cibermantonaje, cibermatoneo; abuso online, mantonaje online, matoneo online; abuso virtual, matonaje virtual, matoneo virtual. Además, en inglés también se utilizan e-bullying y online bullying.

¿Cómo se manifiesta el ciberbullying?

Las formas que adopta son muy variadas y sólo se encuentran limitadas por la pericia tecnológica y la imaginación de los menores acosadores, lo cual es poco esperanzador. Algunos ejemplos concretos podrían ser los siguientes:
  • Colgar en Internet una imagen comprometida (real o efectuada mediante fotomontajes) datos delicados, cosas que pueden perjudicar o avergonzar a la víctima y darlo a conocer en su entorno de relaciones.
  • Dar de alta, con foto incluida, a la víctima en un web donde se trata de votar a la persona más fea, a la menos inteligente… y cargarle de puntos o votos para que aparezca en los primeros lugares.
  • Crear un perfil o espacio falso en nombre de la víctima, en redes sociales o foros, donde se escriban a modo de confesiones en primera persona determinados acontecimientos personales, demandas explícitas de contactos sexuales…
  • Dejar comentarios ofensivos en foros o participar agresivamente en chats haciéndose pasar por la víctima de manera que las reacciones vayan posteriormente dirigidas a quien ha sufrido la usurpación de personalidad.
  • Dando de alta la dirección de correo electrónico en determinados sitios para que luego sea víctima de spam, de contactos con desconocidos…
  • Usurpar su clave de correo electrónico para, además de cambiarla de forma que su legítimo propietario no lo pueda consultar, leer los mensajes que a su buzón le llegan violando su intimidad.
  • Provocar a la víctima en servicios web que cuentan con una persona responsable de vigilar o moderar lo que allí pasa (chats, juegos online, comunidades virtuales…) para conseguir una reacción violenta que, una vez denunciada o evidenciada, le suponga la exclusión de quien realmente venía siendo la víctima.
  • Hacer circular rumores en los cuales a la víctima se le suponga un comportamiento reprochable, ofensivo o desleal, de forma que sean otros quienes, sin poner en duda lo que leen, ejerzan sus propias formas de represalia o acoso.
  • Enviar menajes amenazantes por e-mail o SMS, perseguir y acechar a la víctima en los lugares de Internet en los se relaciona de manera habitual provocándole una sensación de completo agobio.
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lunes, 18 de mayo de 2015

Redes Sociales: El hábitat de los pedófilos

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Ocho de cada diez menores sufren o han sufrido alguna experiencia que los vincula con abusadores. La naturalización de ciertas prácticas los vuelve vulnerables al ataque de quienes se mueven como pez en el agua, celular en mano.
Acosados, molestados, perseguidos y hasta agredidos. Los reportes de quienes tuvieron esas experiencias van en ascenso, casi en sintonía con las estrategias utilizadas por los pedófilos para contactarlos.
El dato que aporta la ONG Alerta Vida no solo indaga sobre los vacíos legales en que estos pervertidos actúan para tentar a menores. También, sobre el desigual avance tecnológico y sus correspondientes filtros para asegurar un mínimo de privacidad en medio de la verborragia adolescente que se destila por las redes sociales.
Con un enfoque orientado a las familias y las escuelas, esta organización busca generar conciencia respecto de los riesgos de navegar por Internet ante la mirada oscura y omnisciente de aquellos que dedican horas a «cazar» víctimas. Presencias de la que se sabe, solo en Argentina tienen más de cien mil perfiles abiertos en Facebook.
Por carecer de estos controles, muchos de los nuevos celulares inteligentes dejan a la deriva a sus usuarios; mismos que, según Rachel Holway, resultan plausibles de ser abordados ante el menor posteo. A tal punto que «los chicos toman como normal haber tenido algún tipo de comunicación con un pedófilo, lo que no sucedía en años anteriores».
Recargados
«Lo que vemos es que los adultos se desinteresan completamente de la actividad de los chicos cuando navegan. Y los pedófilos saben esto, entonces los contactan todo el tiempo. Aprovechan esa vulnerabilidad», explica la titular de Alerta Vida para luego destacar que la información difundida por estas redes puede ser fácilmente «levantada» a través de buscadores como Google, Yahoo u otros específicos.
Peor aún si estos mensajes se realizan por WhatsApp: «Es lo más peligroso. Hoy no tenemos forma de controlar la pedofilia por este medio», razona.
Con la misma lógica, a comienzos del 2015 Brasil puso en discusión el alcance de este servicio de mensajería instantánea. «Sabemos que WhatsApp es usado para crímenes como pedofilia, asaltos y tráfico de drogas. El aplicativo sirve como facilitador en un ambiente virtual para crímenes cometidos en ambientes comunes», sostuvo el delegado de la policía civil de Piauí, y uno de los responsables por la operación que culminó en el pedido de bloqueo del App más popular.
El intercambio de imágenes y las conversaciones sobre encuentros sexuales con menores de edad forman parte de estas nuevas estrategias que preceden al ataque sexual. «El pedófilo hoy se esconde en las redes, antes esa misma gente se presentaba al colegio…», explica la mujer.
En sus años de experiencia como integrante de lo que asume fue en el 2010 «el movimiento antipedófilo más grande de la historia de la humanidad», Holway rompe con el imaginario popular cuando afirma que «el que abusa en la casa abusa en las redes y viceversa. La gran mayoría de los casos investigados son heterosexuales casados. En general, en las cacerías de los pedófilos hay 98 hombres en pareja y dos mujeres».
Y avanza: «No hay abusador que no haya sido abusado, no es mito sino realidad. Pero eso no significa que el niño abusado vaya a ser abusador. Se trata de personas cuyas familias no les creyeron, no los protegieron, y en el fondo lo que buscan es transferir el dolor inmenso que tienen. En cambio, los chicos que son asistidos se transforman en protectores, los que más ayudan. El creerle a un niño es lo principal, porque si no estamos criando a un futuro criminal».
Según la especialista, «todo se revierte con educación»; pero cuando se ha cruzado esa barrera, lo que sigue es la castración química.
«Hace años que presentamos un proyecto que ya es ley en Mendoza y en muchos países del mundo. La castración y el kit de control satelital con la implantación de un chip que vale un dólar. Hoy se gastan fortunas en pulseras elecromagnéticas que no sirven para nada porque se las sacan; sin embargo hay legisladores que dicen que con esto se viola la Constitución Nacional. Por desgracia tenemos que lidiar con una justicia que debería ser más competente», concluyó.
Lic. Lorena Moix

martes, 12 de mayo de 2015

Unicef lanza campaña sobre riesgos para los niños al usar dispositivos móviles.



El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) presentó una campaña denominada Stand Up Mobile para concienciar sobre el uso de dispositivos móviles por parte de menores de edad y promover para ellos un entorno más seguro, informó la oficina regional del organismo humanitario con sede en Panamá.
La campaña de Unicef y la asociación GSMA, integrada por operadores y compañías móviles, consiste en monólogos humorísticos para fomentar la protección en línea de niños y niñas, con el apoyo del canal de televisión estadounidense Comedy Central, que ya lo incluyó en su programación para Latinoamérica.
Su formato tiene el estilo de las comedias en vivo (‘stand up comedy’), que retratan situaciones reales que sirven de ejemplo para mostrar que el uso de un teléfono celular puede ser divertido, pero también puede suponer una serie de riesgos para la niñez.
Desde el pasado jueves y de manera semanal, se presentarán en Comedy Central tres monólogos protagonizados por los comediantes Ricardo Quevedo (Colombia), Juan Barraza (Argentina) y Fabrizio Copano (Chile), quienes han contribuido con este proyecto.
El jefe regional de Alianzas y Sector Privado de Unicef en América Latina y el Caribe, Stefan Stefansson, alertó de que cada vez es más fácil que quienes tienen la intención de hacer daño a niños y niñas encuentren víctimas en línea y lleguen hasta ellos con solo un ‘clic’ de distancia.
“Los contenidos relacionados con abuso sexual infantil son muchísimos y pueden ser hospedados en cualquier parte del mundo”, afirmo Stefansson.
La iniciativa servirá para difundir en la región las Directrices para la Industria de Protección de la Infancia en Línea, elaboradas por el Unicef junto con la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) y la colaboración de la GSMA, según indicó el organismo de Naciones Unidas.
Las directrices son recomendaciones y propuestas que pretenden comprometer a los operadores de telefonía móvil a establecer programas y procesos para salvaguardar y promover los derechos de los niños y las niñas en el entorno digital.
Colaborar con organizaciones sociales, promover líneas de ayuda para niños y adolescentes(‘helplines’), realizar concienciación contra el ciber-acoso), facilitar sistemas para bloquear y denunciar contenidos de abuso infantil en línea, son algunas de las acciones que estas empresas pueden aprender, según un comunicado de Unicef.
La propuesta cuenta con la dirección creativa de la agencia de publicidad BasevichCrea y pretende llegar a los ejecutivos más importantes de la industria móvil, al sector privado, a los padres y madres de familia, y a niños y jóvenes que utilizan celulares y otros dispositivos para comunicarse.
“Poner fin a la violencia contra los niños es una cuestión urgente…
Para convertirse en una prioridad, la eliminación de la violencia contra los niños
necesita grandes cualidades políticas y un gran apoyo de la sociedad civil.”
Los adultos también deben ser usuarios de internet, conscientes y responsables y saber
dónde pueden reportar casos de pornografía infantil que fueran reportados. En el Reino
Unido, la Internet Watch Foundation, hace un seguimiento de quejas sobre material ilegal en
internet (www.iwf.org.uk). En los Estados Unidos, se puede denunciar
• la pornografía en línea en el sitio www.cybertipline.org, sitio que también es monitoreado por
el Centro Nacional de Niños Desaparecidos y Explotados. Existe un sitio web,
www.inhope.org, donde cualquier individuo puede hacer denuncias de cualquier país, en el
lenguaje de ese país. La responsabilidad de detener a los depredadores en línea es de toda la
comunidad internacional y la gente pueden hacer realmente la diferencia.